Una nueva forma de pensar: el pensamiento integral

Una nueva forma de pensar: el pensamiento integral
Publicado: jul. 4, 2014
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Dr. Tomas Álvaro

Médico patólogo y licenciado en psicología clínica, es también científico e investigador de la respuesta inmune contra el cáncer, con más de 100 publicaciones científicas. Tomás Álvaro dedica todo su esfuerzo profesional a investigar los tumores que hacen los linfocitos desde un punto de vista distinto de lo habitual y actualmente es director del Centro Médico Arjuna.

Facebook: Centro Arjuna Tortosa

Web: www.arjunatortosa.org  


Hubo un tiempo en que parecía que todo iba bien

El mundo del conocimiento y la técnica, la realización a través de la libertad y la iniciativa individuales, el crecimiento económico y demográfico... y de repente se desata una crisis sin precedentes! Cada día el titular de prensa es más alarmante y catastrofista que el del día anterior. Los pronósticos autorizados son desastrosos. El mundo laboral, familiar, social, económico y el sistema de valores y creencias de  la sociedad occidental se asoman a un abismo del que los expertos debaten si todavía es posible escapar o ya es demasiado tarde.

¿Estaremos asistiendo al derrumbamiento de nuestra civilización?

¿Hemos perdido la capacidad de controlar la sociedad en la que vivimos? ¿Conoce el ser humano cuál es la senda que ha cogido y a dónde le lleva? ¿Es el hombre de hoy dueño de su pensamiento y su destino?

Cuando menos, todo el mundo parece estar de acuerdo en la inadecuación de determinadas ideas, que obligatoriamente han de ser reemplazadas por otras nuevas. El anunciado cambio de paradigma!. Un vistazo a la historia de la humanidad nos muestra como ante las dificultades el principal recurso no consiste en el nivel tecnológico de los individuos y sus sociedades, sino en la capacidad para llevar a cabo cambios en el modo de vida y de pensamiento.

Necesitamos, pues, revisar el enfoque. Una nueva forma de pensar.

La reinvención de un tipo de pensamiento integral donde investigadores, filósofos, pensadores, psicólogos, científicos, visionarios y humanistas ya están aportando en nuestros días las semillas de un nuevo tipo de pensamiento. Un funcionamiento cerebral y mental que junto a los procesos cognitivos corticales incluya la participación subcortical del mundo emocional e intuitivo, el del subconsciente y lo ancestral, el del amor y la sabiduría y no solo el del conocimiento y la tecnología. Un paso hacia la integración de nuestros cerebros reptiliano, mamífero y humano, que la sociedad occidental y el hombre moderno ha conseguido desgajar en su búsqueda frenética del intelecto y de la razón. La construcción de una nueva forma de pensar: el pensamiento integral. La coherencia entre la forma de sentir, pensar y actuar.

El presente proyecto incluye entre sus objetivos hacer una reflexión sobre como llevar a la práctica la construcción de esa nueva forma integrada de pensamiento, a la luz de la evidencia que un grupo de profesionales obtiene de la experiencia clínica diaria sobre el individuo y la lectura epidemiológica de la salud mental de nuestra sociedad. La propuesta parte de la firma creencia en la promesa de posibilidades que reside en el interior del cuerpo y la mente del ser humano. En las capacidades interiores a la espera de ser despertadas, en la capacidad de superación y transformación y en la evolución de la conciencia trascendental y transpersonal, más allá del conocimiento y de la propia persona. En la existencia de un sistema de adaptación y de visión ampliada que permita la expansión de uno mismo.

El proyecto toma como objeto la salud mental y nuevas formas de pensamiento que originan enfoques terapéuticos alineados con esas premisas. El paradigma genético y farmacológico ha tocado fondo, y los expertos del mundo de la psicología y la psiquiatría anuncian en la actualidad que la crisis de la psicofarmacología se ha consumado. Las tres clases principales de psicofármacos (antidepresivos, antipsicóticos y ansiolíticos) que se aplican por millones (de envases y de dólares) cada día en la sociedad occidental proceden de observaciones clínica fortuitas, y en los últimos 30 años de investigación y tras miles de millones de dólares invertidos no se ha inventado ninguna nueva fórmula farmacológica.

Junto a ello, los mismos expertos claman que la actual clasificación diagnóstica de los trastornos mentales no se ajusta a la realidad clínica y no existen correlaciones genéticas consistentes, el paradigma explorado hasta la fecha. La búsqueda de factores biológicos en la etiología de los trastornos mentales se ha mostrado demasiado reduccionista y descarta factores decisivos en la salud mental como son los de tipo ambiental, conductual y social.

Las conclusiones son claras: el ser humano se encuentra en una encrucijada. Necesitamos reconceptualizar de forma radical el mundo de la salud mental, modificar seriamente la práctica clínica basada en la prescripción de fármacos y asumir que no es posible identificar marcadores biológicos de los procesos de salud y enfermedad mental, meros indicadores en el marco de superestructuras mucho más amplias. Ello supone abrazar una nueva forma de pensar, y también nuevas terapias psicológicas que nos guíen por una senda diferente a la transitada hasta ahora, enfoques significativamente eficaces y a la vez más rentables, que han de ser así reconocidos por los sistemas sanitarios y la sociedad en general.

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